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La Ira tras el Miedo

En muchísimas más ocasiones esa violencia verbal, esa agresión, esa palabra ofensiva, esa palabra descalificante, ese seño fruncido, esa mirada de desprecio o de revancha o de odio, entre cónyuges, entre padres e hijos o entre hermanos. Y entonces hoy es de una gran actualidad; o construimos familias donde haya cordialidad, donde no haya cobardes, miedosos que insultan, que ofenden, que gritan, que tratan de atemorizar al otro, o no sé, ¿Qué esperanza humana puede haber en este siglo?

Esas posturas del hombre que está crudísimo en la mañana y le pide a su mujer que le dé desayunar, y la mujer se niega:


Que te dé desayunar tu abuela. Le grita ella y éste empieza gritar, se enfurece y empieza a decirle que él es que trae el dinero a la casa y se pone agresivísimo. Ese personaje, no es más que un niño espantado atrás de una máscara de ogro.
La agresión está ocultando tu inseguridad, está ocultando tu culpa, tu vergüenza, está ocultando aquellas cosas que desde muy pequeño tal vez, te han hecho sufrir.

La persona iracunda, tiene miedo a ser despojado, el miedo a ser lastimado, el miedo a perder el afecto, el miedo a ser abandonado, a perder el prestigio, a quedar en ridículo o el miedo a ser dominado… al darte cuenta el tipo de rata que eres.