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Excelencia Personal

Los 10 Mandamientos de la Educación

1. Corregir a nuestros hijos no es insultarlos, ni humillarlos.

2. Regañarlos no es gritarles, ni proyectar sobre ellos sentimientos de temor y culpa exagerados o injustificados.

3. Ordenar no es suplicar con tono hiriente, ni sugerir; a veces hay que sugerir respetando la autonomía, otras hay que ordenar, pero con claridad y sin confusiones entre una y la otra.

4. Mandar no significa atropellar, debe considerarse la capacidad del hijo, sus propias limitaciones y las ocasiones en que, a pesar de haber puesto todo su esfuerzo, el resultado no se obtuvo por causas ajenas.

5. Saber escuchar a los hijos no significa discutir las decisiones o las órdenes; dialogar no es discutir.

6. Rectificar no es claudicar; si reconocemos como padres que nos equivocamos, saber rectificar e incluso ofrecer una disculpa, no significa una abdicación para ejercer la autoridad.

7. Mantener clara, en la práctica, la distinción entre un error y una falta; un error no ha de ser nunca censurado ni castigado, sólo analizado para obtener el beneficio de la experiencia; una falta ha de ser, en cambio, reprendida como una debilidad que deberá ser superada.

8. Premiar y reprender con serenidad, nunca con alteración ni con exceso.

9. Premiar y reprender siempre con oportunidad, no dejando pasar demasiado tiempo, ni reviviendo jamás fallas ya antes señaladas.

10. Premiar siempre con medida y no necesariamente con beneficios o ventajas materiales, sino con el merecido reconocimiento; reprender siempre con serenidad, justicia y brevedad, sin alargar innecesariamente las escenas desagradables que convierten la corrección en ineficaz recriminación.

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