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¿Somos lo que comemos?

La preocupación de los padres ha sido siempre encontrar la manera adecuada de cumplir con sus funciones, debido a que no reciben la preparación para serlo. Las madres son quienes se encargan, y son ellas quienes deciden, por ejemplo, la alimentación de sus hijos, planeando según lo que les dicta su propia experiencia, por lo que a menudo no hacen lo más adecuado para la edad y necesidades de sus hijos. Esto ha hecho indispensable cuidar la dieta de los niños y analizar si el nivel de nutrición es el adecuado para su edad y desarrollo.

Afortunadamente existen en la actualidad, diversas investigaciones que demuestran los efectos ocasionados por la ingestión de diferentes alimentos y que pueden crear una conciencia de lo que decidimos comer.
Hay que partir del concepto DIETA que se refiere a todo lo que entra a nuestro organismo a lo largo del día, a través de la boca. Este acto depende de la voluntad, aunque en el caso de los niños dela voluntad de sus padres o quienes les cuidan.

Si como adultos en ocasiones nos llega a pasar que después de una comida, regresamos al trabajo sin energía y sin ganas de hacer nada, imaginémonos lo que le sucede a un pequeño ser que va a la escuela sin los nutrientes adecuados y no sabe qué le pasa!

Esos “desayunos rápidos y fáciles” que solemos dar a los pequeños y que lo único que hacen es ocupar un espacio en su pequeño estómago, pueden ser los causantes de los malos humores, los desórdenes de atención y las conductas menos deseables en un niño.

El Desayuno es la comida más importante del día, la cual nos provee de lo necesario e indispensable para funcionar adecuadamente.

Cuando un niño es llevado a la escuela sin haber desayunado antes, se verán afectadas sus habilidades cognoscitivas y su rendimiento en general.

Y es que durante el sueño nuestro organismo usa mecanismos para mantener los niveles de glucosa estables, pero al despertar esos niveles dependen de nuestros alimentos.

Cuando no hubo alimento al levantarnos, el cuerpo crea una reacción de alarma, mediante la cual el cerebro estimula la salida de cortisona, que se dirige a los músculos y les “roba” lo que necesita. De esta manera nos mantenemos vivos. aunque no en las mejores condiciones y afectamos el rendimiento, la capacidad de aprender y de rendir intelectualmente.

Los niños que acuden al colegio sin desayuno tienden a distraerse, bostezar, aburrirse, y difícilmente aprenderán algo.

También se da el caso de los niños que consumen un desayuno basado en azúcares, lo cual causa un desequilibrio metabólico a media mañana, lo que puede desencadenar en dolor de cabeza, sudoración, mareos, visión borrosa, y hasta desmayos. Este desayuno consiste en pan dulce, jugos, cereales endulzados, galletas, mermelada, hot cakes, dulces, pastelillos, bebidas endulzadas o avena.

En este caso ¡el 80% del cerebro se dedica a sobrevivir y solo el 20% a pensar!

Por el contrario, un desayuno que incluya proteínas en las horas matutinas, podrá proveernos de energía a lo largo del día. De esta manera el cerebro tiene lo que necesita para funcionar en optimas condiciones. Se recomiendan los yogures, leche, huevo, quesos y proteínas vegetales como las contenidas en almendras, nueces, cacahuates, semillas de girasol y leguminosas.
Esto puede combinarse con frutas para obtener vitaminas en esta comida.

Esta comprobado que tanto la falta de nutrientes como la ingestión de los alimentos menos recomendables es causa de muchas enfermedades, incluyendo las más temibles en nuestros días.

Por otro lado, es digna de causar asombro la afirmación que plantea que el azúcar es como un veneno que al ser ingerido por los niños causa estragos inimaginables; lo cual ha sido documentado a través de videos que desde 1992 han sido difundidos, como los de la investigadora Doris Rapp, quien enseña el caso de un niño de 2 años, al que no solo le causa los daños comunes el azúcar, sino a quien la ingestión de ésta le ocasiona una alergia y no la común que nos imaginamos de los granitos en la piel, sino una alergia que se manifiesta con cambios notables en la conducta; irritabilidad, pobre control de impulsos y alteración de la conciencia en general.

Claro, que este es de los casos extremos, pero en un niño común, el azúcar y sus derivados, causan una supresión del sistema inmune, haciéndolos vulnerables a infinidad de enfermedades; por otro lado emocionalmente puede ir ocasionando una “adicción y necesidad” a consumirla que ya el organismo lo requiere para funcionar.

Además de que el proceso que se usa para refinar alimentos, incluyendo el azúcar de mesa, ocasiona alteraciones en el metabolismo, obesidad, problemas de circulación, bajas defensas y otros problemas que están siendo estudiados.

También hay estudios que la relacionan con problemas de conducta, esto por la alteración que se provoca en la producción de neurotransmisores, especialmente la Serotonina, un químico que sirve para conservar la estabilidad y bienestar emocional y que podemos generarlo a través del consumo de carbohidratos refinados (pastelillos, harinas refinadas, dulces, golosinas).
Si bien es cierto, los carbohidratos son capaces de darnos energía y alimentarnos, hay otros que son procesados y no son nutritivos. De hecho las fibras, que forman parte de este rubro son necesarias y en nuestro país deficientes.

Cuando comemos carbohidratos en exceso sobre todo carbohidratos simples (pastas, panes, pasteles, chocolates, galletas etc) el organismo no podrá utilizarlos como energía por lo que tendrán que almacenarse causando problemas de salud, entre ellos la obesidad. Ahora uno de cada 5 niños mexicanos tiene este problema.

Además de que al hablar de golosinas y productos chatarra hay que agregar el procesamiento, los conservadores y aditivos que utilizan al fabricarlos y que de estos se han encontrados por lo menos 400 como responsables del cáncer en edades adultas.

Es evidente cuando nos detenemos a mirar dentro de las “loncheras” de los pequeños, la cantidad de alimentos nocivos y poco nutritivos que llevan. Pero lo más evidente es cómo hay una transformación de la conducta después del recreo. A veces hay niños que estaban tranquilos y ahora no se están quietos y otros que estaba atentos y ahora se duermen en el pupitre. En ese caso porqué no revisar lo más obvio: La alimentación.

En nuestro país se habla de un problema de desnutrición grave por el que nos han puesto en los últimos lugares del MUNDO en relación al aprendizaje y desarrollo de habilidades, lo que nos hace falta son NUTRIENTES para funcionar adecuadamente en el plano físico, mental y emocional.
 

 

Nelly Canseco

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